sobre psicoterapia

Lecturas sobre Psicoterapia

— Lecturas sobre Psicoterapia —

psicoterapia en hamburgo

“Nuestra mayor gloria no es no caer nunca, sino levantarnos cada vez que nos caemos.”

(Confucio)

¿QUÉ ES PSICOTERAPIA?

La palabra psicoterapia puede tener muchos significados según el enfoque terapéutico. Para ofrecer una idea general, mencionando algunos enfoques terapéuticos, podemos decir que:

El psicoanálisis parte del supuesto de la existencia de conflictos intrapsíquicos que permanecen inconscientes para el paciente. Centra su atención en la infancia y en las relaciones primarias o parentales. Aquí adquiere importancia una adecuada integración de estas relaciones primarias a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo así como la posibilidad de concluirlas de una forma saludable. Desde este supuesto teórico se define la terapia como un proceso de cambio en la estructura de la personalidad que se adquiere a través de la propia relación terapéutica y el autoconocimiento.

La terapia psicodinámica sostiene los mismos fundamentos teóricos que el psicoanálisis pero no pretende un cambio global en la persona. Se centra en la resolución de un conflicto concreto, la remisión de un síntoma o un cambio en el comportamiento. La actitud del terapeuta es más activa y directiva y permite el uso de estrategias cognitivas, educativas, sugestivas que pueden ser útiles para el paciente.

La terapia humanista considera a la persona de una manera global acentuando sus aspectos existenciales como son la libertad, la responsabilidad y el conocimiento. Hace énfasis en la unicidad del ser humano, con una visión positiva de su naturaleza. Busca el potencial y desarrollo de la persona. Contempla lo emocional e intuitivo.

La hipnosis ericksoniana, al contrario de la terapia psicoanalítica, adopta una perspectiva más orientada hacia la solución del problema. Pone su empeño en reactivar los recursos que la persona posee y que por alguna razón en este momento de su historia se encuentran mermados.

El enfoque sistémico entiende que el problema que presenta el paciente está integrado dentro de un conjunto. Este conjunto puede ser la pareja o la familia. Parte de una visión más completa donde las partes que constituyen este sistema familiar o conyugal y su interrelación configuran el problema. “El total es más que la suma de las partes”. Este supuesto teórico sostiene que cada sistema busca su equilibrio subordinando las necesidades de los individuos que lo componen. Aquí el síntoma cobra un sentido en la interrelación.

Los enfoques pos-modernos, como la terapia narrativa o colaborativa, provienen del campo social y la antropología. La terapia narrativa considera que estamos presos de una historia dominante que nace dentro de un contexto sociocultural además del contexto individual. A través del uso de la pregunta por parte del terapeuta se intenta liberar al paciente de esta historia dominante generando una nueva narrativa. La terapia colaborativa toma una perspectiva más filosófica que invita a una relación igualitaria entre terapeuta y paciente. El terapeuta crea un espacio que facilita el diálogo y junto con el paciente intenta encontrar el significado de lo que está sucediendo.

Todos estos enfoques aportan algo valioso. Al disponer de más herramientas terapéuticas aumenta la posibilidad de adecuar la terapia a las necesidades de cada persona.

Atendiendo a la demanda del paciente proponemos un concepto de trabajo en concordancia con los deseos y necesidades de cada consultante.

 

En ocasiones es importante “echar la mirada atrás” para un mejor entendimiento de lo que está sucediendo en el presente y desde esos nuevos conocimientos construir un futuro.

En otros casos es más adecuado analizar nuestra situación actual y entender cómo se generan nuestras diferentes interacciones con las personas que nos rodean (pareja, padres, hijos, amigos, jefe, compañeros de trabajo etc.). Esta comprensión puede dar lugar a nuevos modos de relacionarnos y a un mejor manejo de las situaciones.

A veces nos encontramos inmersos en situaciones difíciles donde perdemos de vista nuestras capacidades y habilidades para hacer frente a la adversidad. En estas circunstancias es necesario que la persona tome contacto de nuevo con sus recursos, gane confianza y se sienta capaz de resolver o manejar estas contrariedades.

En otro momento lo prioritario puede ser encontrar en la terapia un lugar de reflexión donde poder escucharnos a nosotros mismos y poner nuestras ideas en orden con alguien imparcial.

La terapia puede ser ese espacio donde poder encontrar orientación e información sobre lo que nos preocupa y expresarnos con libertad sin la preocupación de ser juzgado y con la certeza de que todo lo revelado es confidencial.

 

¿Cuánto dura una terapia?

La duración de una terapia puede ser muy variable según:

– la gravedad del problema,
– la necesidad del paciente,
– el objetivo que persigue,
– los recursos disponibles,
– la capacidad del paciente de trabajar en terapia,
– las circunstancias vitales y
– los apoyos exteriores que posee.
Así, un proceso terapéutico puede durar desde meses a años aunque los resultados ya se aprecien a lo largo del proceso.

 

“La naturaleza no conoce problemas, solo soluciones.”

(Carl Amery)

Indice:

  1. Ansiedad: Agorafobia, Angustia, Ansiedad generalizada, Ataque de pánico, Fobia específica, Fobia social
  2. Acompañamiento en la enfermedad
  3. Autoestima
  4. Anorexia
  5. Bulimia
  6. Dependencia emocional y dificultades en las relaciones íntimas
  7. Depresión
  8. Duelo
  9. Inestabilidad emocional
  10. Obesidad
  11. Situaciones de cambio
  12. Trauma
  13. Psicosomática
  14. Tabaquismo

 

1. ANSIEDAD

“Nuestros miedos pueden ser, si los investigamos, como una cámara del tesoro para nuestro autoconocimiento”

(Marylin Ferguson)

La ansiedad es un estado emocional natural que se manifiesta ante determinadas situaciones de la vida. Así, las circunstancias desafiantes o peligrosas frecuentemente van acompañadas de toda una serie de sensaciones físicas como el sudor en la palma de las manos, un galopeo del corazón, mariposas en el estómago… Estas sensaciones son normales y las personas las perciben como tolerables e incluso pueden resultar estimulantes. Sin embargo, en ocasiones sucede que se siente ansiedad la mayor parte del tiempo o en situaciones concretas e inocuas. A veces no se encuentra la razón por la que se siente de esa manera e incluso pueden llegar a evitarse actividades diarias o rutinarias ante la dificultad de manejar la intensidad de esas emociones estresantes. En estos casos podemos estar manifestando un trastorno de ansiedad.

Existen diferentes tipos de trastornos de ansiedad:

La agorafobia es la aparición de ansiedad en lugares donde puede ser difícil escapar. Estos lugares, o situaciones, pueden ser: estar solo dentro o fuera de la casa; viajar en autobús, metro, avión o coche; encontrarse en un puente, mezclarse con gente, etc. Las personas terminan evitando este tipo de situaciones con el consecuente deterioro en su calidad de vida, no pudiendo realizar actividades cotidianas con normalidad.

En el trastorno de angustia las personas se preocupan de manera excesiva con las implicaciones o consecuencias que los síntomas de la ansiedad pueden tener para su vida. Hay personas que llegan a desarrollar un intenso miedo al miedo e interpretan estos síntomas como la consecuencia de una enfermedad física no diagnosticada que puede estar poniendo en peligro su vida. Suele ser frecuente acudir a controles médicos para confirmar reiteradamente que no existe una enfermedad médica.

El trastorno de ansiedad generalizada es la manifestación de una preocupación y ansiedad exagerada con relación a la vida cotidiana que parece no tener causa justificada. Las personas con ansiedad generalizada no logran relajarse y, en general, esperan lo peor.

Muchas veces sufren de fatiga constante, inquietud, trastorno del sueño y tensión muscular. También pueden aparecer síntomas somáticos como sudoración, náuseas, diarreas, mareo, aumento de la frecuencia cardiaca, dificultad para concentrarse o “quedarse con la mente en blanco”.

Este trastorno merma significativamente la calidad de vida. No impide vivir pero las personas que lo sufren no llegan a estar bien del todo, no tienen relaciones cómodas y existe malestar o insatisfacción permanente.

Lo más característico del ataque de pánico es la aparición inminente de un miedo súbito, intenso, desbordante ante una situación que no presenta ningún peligro. Puede presentarse con una gran variedad de síntomas: sudoración, palpitaciones, temblores, sensación de falta de aliento, presión torácica, mareos, miedo a perder el control, miedo a morir, miedo a volverse loco, escalofríos…

A veces estos ataques aparecen con tal intensidad que la persona cree padecer un ataque al corazón y es frecuente que acuda a urgencias.

En ocasiones la persona que lo sufre puede relacionarlo con un estímulo determinado. Sin embargo, en muchos casos no existe ninguna conciencia de lo que pudo haber provocado ese miedo intenso.

En la fobia específica se manifiesta un miedo intenso e irracional ante determinados objetos o situaciones, que puede afectar significativamente la actividad cotidiana de quien lo padece. Las personas con este tipo de trastorno no presentan ansiedad permanente, pero cuando surge aparece con gran intensidad.

Hay diferentes tipos de fobias. Las más comunes son:

– animal: a arañas, perros, etc.

– ambiental: a tormentas, precipicios, etc.

– sangre e inyecciones.

– situacional: a ascensores, aviones, coches, recintos cerrados, etc.

Las personas con fobia social manifiestan ansiedad ante situaciones sociales, como pueden ser: conocer a nuevas personas, hablar, comer o beber en público por miedo a ser humillados. Existe un reconocimiento por parte de las personas que padecen este problema de que ese temor es irracional o excesivo. Estas situaciones se evitan o se experimentan con ansiedad y malestar intensos. En algunos casos, estas personas se ruborizan con facilidad y manifiestan otros síntomas de ansiedad como palpitaciones, temblores, sudoración, molestias gastrointestinales y tensión. En casos severos puede manifestarse con la intensidad de un ataque de pánico.

Muchas veces la fobia social viene asociada con una hipersensibilidad a la crítica y a la valoración negativa, con miedo al rechazo y una baja autoestima. El rendimiento laboral puede verse afectado por la dificultad de relacionarse con los compañeros o las figuras de autoridad. Las relaciones más íntimas también pueden verse afectadas debido a esa dificultad de relacionarse con los otros.

 

2. ACOMPAÑAMIENTO EN LA ENFERMEDAD

 

“La conciencia de nuestra existencia pasajera se ha perdido. El sufrimiento y la muerte no tienen palabras y están apartadas de la vida individual y social”

(Verena Kast)

“Solo cuando las paredes empiezan a temblar, el suelo se mueve bajo nuestros pies y el mundo se derrumba, entonces intuimos lo que es vivir”

(Maxie Wander)

 

Podemos definir la salud como las distintas funciones corporales que se conjugan de un modo determinado y producen un modelo armonioso. Si una de las funciones se perturba la armonía del conjunto se rompe, entonces aparece la enfermedad. Vista así, la enfermedad significa la pérdida de una armonía.

Cada enfermedad trae consigo pérdidas, no solo la pérdida de la salud. En muchos casos hay una pérdida de autonomía, de relaciones sociales, de vida laboral, de actividades, de proyectos y de autoimagen. Estas pérdidas detienen el fluir y el desarrollo natural de la vida. Entonces surgen preguntas que, en muchos casos, no encuentran respuestas: ¿por qué a mí?, ¿por qué ahora?, ¿qué hice?, ¿qué me pasa?

En estas circunstancias suele producirse una gran vulnerabilidad al dejar de funcionar y dejar de ser lo que uno era. Aparecen muchos sentimientos difíciles de manejar como la impotencia, la rabia y la tristeza que, en ocasiones, pueden derivar en una depresión o en un cuadro de ansiedad. Ante estas situaciones las personas más cercanas se encuentran desbordadas y sobrecargadas haciéndose muy difícil el acompañamiento y/o la convivencia.

Con todo esto la persona afectada puede sentirse muy sola y desalentada. Ha perdido la confianza en las funciones del cuerpo y surge la inseguridad y la desesperación. Hay miedo a lo que está sucediendo y a lo que pueda suceder.

La terapia puede ser ese espacio donde manejar y elaborar toda esa gama de emociones que surgen, donde buscar caminos alternativos que nos ofrezcan la oportunidad de reconstruir nuestra vida a pesar de la enfermedad y sus efectos; además de atender otros aspectos concretos que pueden aparecer con la enfermedad (control del dolor, preparación quirúrgica, manejo del estrés, etc.). Sabemos que la hipnosis es una valiosa herramienta en enfermedades crónicas. Produce una relajación vegetativa en el organismo que reduce el miedo, el dolor y genera la calma que el cuerpo y la mente necesitan para recuperarse.

 

3. AUTOESTIMA

 

“El mundo entero se aparta cuando ve pasar a una mujer o a un hombre que sabe dónde va”

(Antoine de Saint-Exupéry)

 

Como dice Virginia Satir, la autoestima es un concepto, una actitud, un sentimiento, una imagen y está representada por la conducta.

La integridad, la sinceridad, la responsabilidad y la compasión, el amor y la competencia surgen con facilidad en aquellos que tienen una elevada autoestima. Tenemos la sensación de ser importantes, de que el mundo es un lugar mejor porque nos encontramos en él. Tenemos fe en nuestras competencias, podemos pedir ayuda a los demás a la vez que podemos tomar nuestras propias decisiones. Desde el respeto hacia nosotros mismos podemos respetar al otro. Nos aceptamos por completo como seres humanos. Somos capaces de reconocer nuestros sentimientos y canalizarlos de una manera saludable evitando actos impulsivos que dificultan nuestro bienestar en la vida.

Cuándo uno siente que vale poco no espera un buen trato de los demás y fácilmente puede acabar convirtiéndose en víctima. La desconfianza surge entonces como un medio de protección, recurso que con el tiempo lleva al individuo a una sensación de soledad y aislamiento. Esta experiencia le confirma a uno mismo que no vale y que no puede ser querido.

Las causas que acarrean una falta de autoestima pueden ser diversas. A menudo surgen en la infancia temprana debido a situaciones que nos han generado inseguridad. En nuestro pasado hemos podido recibir mensajes como “no lo vas a conseguir”, “qué va a ser de ti”, “que egoísta eres” que nos han marcado y nos han dejado con la idea de no ser buenos o no ser válidos. Hay quienes han vivido el abandono de una persona importante y esto ha dejado grabado en su fuero interno el mensaje de “no ser merecedor”. La autoestima de las personas que nos han criado y acompañado en la vida también constituye otro factor importante para nuestra estima. Más allá de todo esto, se encuentran las situaciones de éxito o fracaso a las que nos enfrentamos diariamente. Así, una serie de fracasos puede contribuir a un sentimiento de “no ser digno” o “no ser capaz”.

La falta de estima puede colocarnos en un lugar en la vida poco saludable. Esta falta de estima se puede ver en la relación que tenemos con los otros, en la elección y el manejo de nuestra vida laboral y en cómo nos ubicamos en el mundo. También podemos reconocerla en la necesidad constante de agradar a los otros, en la dificultad de tomar decisiones de forma autónoma, en el miedo a expresar emociones negativas, en la dificultad a decir que no, en el no sentirnos con derecho a pedir ayuda, en la incomodidad de aceptar cumplidos, en disculparse demasiado o en agradecer en exceso.

Con todas estas exigencias, limitaciones y presiones la vida se vuelve muy difícil.

Pero siempre tenemos la opción de situarnos en un lugar mejor, aceptándonos como somos, dándonos la oportunidad de existir y actuar en conformidad con lo que sentimos.

 

4. ANOREXIA

“Tu cuerpo es templo de tu alma. Consérvalo sano; respétalo; estúdialo, concédele sus derecho.”

(Anónimo)

La anorexia, la bulimia y la obesidad constituyen el conjunto de los problemas de la conducta alimentaria. El común denominador de todos ellos es la relación disfuncional con la comida. Ésta deja de cumplir su función básica, que es la de alimentar al cuerpo, y se convierte en expresión de conflictos intrapsíquicos e interpersonales. Estos trastornos alimentarios son la expresión visible de problemas subyacentes que sustentan todo el conjunto de síntomas que, con frecuencia, aparecen acompañados de depresión y ansiedad no reconocidas.

Desde un punto de vista clínico, la anorexia presenta una mayor gravedad ya que su desarrollo puede perjudicar gravemente la salud de la persona que la padece y, en caso extremo, puede ocasionarle la muerte. Suele comenzar en la adolescencia pero también puede darse más tarde. El eje de este trastorno es el deseo de perder peso y el miedo intenso a ganarlo. La anorexia implica la existencia de una grave distorsión de la imagen corporal. Así, una persona con anorexia puede verse gorda a pesar de estar por debajo de su peso. Los métodos utilizados para perder peso suelen ser: la reducción de la ingesta, la utilización de laxantes y diuréticos, el vómito inducido o la práctica excesiva de ejercicio físico. Estos síntomas pueden ser la expresión de conflictos internos relacionados con el proceso de maduración y con la concepción de la figura femenina. Las personas que padecen anorexia sienten necesidad de tener control sobre su cuerpo y su sexualidad. Por ello, el aumento de peso es vivido como un intolerable fracaso de su autocontrol. A nivel familiar suelen existir conflictos no reconocidos como puede ser una falta de límites que obstaculiza o dificulta la autonomía de cada miembro de la familia. Las personas que desarrollan una anorexia suelen tener una autoestima baja que intentan solventar con una alta auto-exigencia a nivel personal, académico y profesional.

Todo esto genera una dinámica de la cual es difícil salir. Para romperla, en la mayoría de los casos, es necesario llevar a cabo una intervención multidisciplinar.

 

5. BULIMIA

La bulimia suele aparecer algo más tarde que la anorexia, generalmente al final de la adolescencia. A diferencia de ésta, la bulimia se manifiesta a través de atracones seguidos por vómitos inducidos. A veces los síntomas de la anorexia y de la bulimia se mezclan, en esos casos el trastorno se denomina “bulimiarexie”. También hay anorexias que, con el tiempo, evolucionan hacia la bulimia.

El síntoma predominante en la bulimia es la ansiedad por comer, lo que podríamos denominar “atracones de comida”. En esos momentos la persona “engulle” grandes cantidades de alimento de una forma incontrolada a lo que sigue el vómito inducido. Al igual que en la anorexia, la persona que padece bulimia experimenta preocupación por la subida de peso, sin embargo en la bulimia podemos encontrar personas con extrema delgadez, peso normal o sobrepeso.

El hecho de mantener el peso dentro de unos parámetros normales hace que el problema sea menos visible para el entorno. Sin embargo, a diferencia de la anorexia, la persona que padece bulimia, consciente de sus dificultades, sufre y se siente cada vez más vulnerable e insegura. Reconoce su relación disfuncional con la comida y eso le genera un profundo sentimiento de culpa, vergüenza y hostilidad hacia sí misma.

A pesar de tener conciencia del problema, no es capaz de detener esa compulsión, ya que como cualquier síntoma cumple una función que, en este caso, es la de manejar y gestionar unos sentimientos intensos. El vómito libera la presión que la persona siente y le genera calma. El síntoma aparece entonces como solución ante la gran dificultad de reconocer, admitir y hacerse cargo de unas necesidades y sentimientos que la persona intenta reprimir, sacrificando su bienestar, para conservar la armonía con los que la rodean.

A nivel terapéutico hay muchos aspectos que tratar pero el que presenta mayor dificultad es la disposición del paciente a comprometerse e involucrarse en un tratamiento terapéutico.

 

6. DEPENDENCIA EMOCIONAL Y DIFICULTADES EN LAS RELACIONES ÍNTIMAS

Hay personas que se encuentran repetidamente atrapadas en relaciones emocionales negativas sin poder salir de ellas aunque exista un maltrato emocional o físico. Al intentar dejar la relación sufren una gran angustia, y aunque a un nivel saben que es lo mejor, se sienten incapaces de funcionar adecuadamente solos. Hay dificultad de tomar decisiones cotidianas si no cuentan con el consejo y la reafirmación de los demás. No les es fácil expresar desacuerdos o mostrar el enfado que sería adecuado con aquellos cuyo apoyo o protección aparentemente necesitan por temor a contrariarles y ser abandonados. Toda su existencia está en manos de los demás. La manera en la que manejan su vida les reafirma en la creencia que ya tienen de sí mismos “no soy válido”, mermando aun más su autoestima. Por lo general, estas personas se quedan atrapadas en una única relación o van de relación en relación, sin valorar si la pareja encontrada es la adecuada.

En el lado opuesto, se encuentran aquellas personas que tienen grandes dificultades de comenzar o mantener una relación. Suele haber problemas con la intimidad. Para estas personas establecer una relación íntima significa hacer sacrificios o exponerse a experimentar dolor. Deciden que es mejor seguir solos que revivir en la intimidad de la pareja ese dolor que ya han experimentado repetidamente en su infancia y posteriormente en otras relaciones. Sin embargo, tampoco se sienten felices con su vida en solitario.

En ambos casos hay que buscar la manera de poder estar bien en una relación. En el primer caso, se trata de generar un sentimiento de auto-competencia, autosuficiencia y autonomía, desarrollar la confianza en sus habilidades y aumentar la autoestima. En el segundo caso, es importante sanar las heridas de relaciones anteriores y aprender de lo pasado, generando relaciones diferentes y más saludables.

 

7. DEPRESIÓN

“El momento más oscuro de la noche es justo antes de amanecer.”

(Anónimo)

“Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.”

(Rabindranath Tagore)

 

Es un trastorno complejo, muy frecuente hoy en día. El conjunto de sus síntomas puede manifestarse de una forma muy variada y por ello, en ocasiones, es difícil de diagnosticar.

La depresión puede mostrarse a nivel físico a través de trastorno del sueño, de falta de libido, pérdida del apetito o un apetito exagerado, falta de concentración, trastornos digestivos, dolor de cabeza o cansancio. A nivel cognitivo puede expresarse en la dificultad para mantener la atención y en un “estar olvidadizo”. A nivel psíquico se manifiesta en apatía, disforia, falta de motivación, evitación del contacto social, baja autoestima, pensamiento negativo sobre el futuro, miedo al fracaso, sentimiento de culpa y rumiación.

Las causas de la depresión pueden ser igual de variadas. Por un lado, una depresión puede surgir tras una pérdida, un evento traumático o por una sobrecarga. Por otro lado, puede surgir a consecuencia de conflictos intrapsíquicos entre el deber y el querer, la autonomía y la dependencia, etc. En ocasiones la depresión puede tener una base biológica, en cuyo caso es imprescindible el uso de psicofármacos.

Según avanzamos en edad vamos sufriendo pérdidas. En muchos momentos también estas pérdidas pueden desembocar en estados depresivos. Esto es lo que sucede con la menopausia en las mujeres, la jubilación, algunos cambios en el entorno familiar y social, enfermedades físicas, etc.

 

8. DUELO

“Transmite palabras de dolor; el dolor que no habla murmura en el fondo del corazón y le hace romperse.”

(William Shakespeare)

El duelo es una experiencia que, tarde o temprano, acontece en la vida de todo ser humano. Es un hecho ineludible. Todos lo atravesamos en nuestras vidas, puesto que siempre perdemos a alguien o algo querido.

Cada pérdida o muerte de un ser querido y su posterior integración, se vive de forma diferente y subjetiva. Los factores que condicionarán el periodo de duelo son:

– La relación con la persona fallecida. La duración de esta relación y la intensidad del vínculo será determinante en la expresión del proceso.

– Las circunstancias que rodean la muerte: una muerte inesperada, muertes traumáticas, presenciar la muerte de un ser querido en situaciones traumáticas, suicido, pérdidas graves a lo largo de la biografía, pérdidas donde no aparece el cadáver, pérdidas donde la persona que sobrevive se siente culpable, pérdidas con tabú, pérdidas donde se ha tenido una relación ambivalente con la persona fallecida, pérdida de un hijo, pérdida de los padres en la infancia.

– La personalidad del doliente.

– La red social de apoyo.

El proceso de duelo es complejo e individual, extraordinario y único. Una experiencia que puede incluso percibirse a través de procesos psicosomáticos como dolor en el pecho, pérdida de peso, trastornos del sueño, etc.

Su desarrollo a lo largo del tiempo no es lineal, evoluciona en forma de bucle. Durante el mismo, la persona se mueve en la polaridad de emociones intensas como el dolor y el enfado.

Es un intento de reorganización interna del “yo” que ha sido amenazado por la pérdida. Por la complejidad del proceso la persona puede estancarse y quedarse atrapada.

Las características que determinan una dificultad en el proceso de duelo son las siguientes:

– Pensamientos e impulsos suicidas que duran aproximadamente más de medio año después de la pérdida.

– Sentimiento de culpa masiva y persistente.

– Sentimientos extremos de desesperanza y desesperación.

– Enfado incontrolado y amargura.

– Síntomas psicosomáticos.

– Miedo desmesurado a la enfermedad y a la muerte.

– Prolongación del embotamiento afectivo.

– El doliente ha desarrollado síntomas físicos como los que desarrollaba el fallecido antes de la muerte.

El duelo sana la herida que produjo la pérdida de un ser amado. A medida que el tiempo pasa, si no hay dificultad, la herida va cicatrizando. La persona que se ha ido pasa a tener otro lugar en nuestra vida.

El duelo expresa nuestra capacidad de amar y nuestro compromiso con el otro. Es un reconocimiento de amor. Da sentido a la pérdida y libera nuestra energía vital.

 

9. INESTABILIDAD EMOCIONAL

Cuando alguien experimenta inestabilidad emocional su modo de sentir suele ser intenso, cambiante y altamente reactivo. Esto ocasiona cambios bruscos en el estado de ánimo. Así, pueden sentirse ansiosos, irritables, deprimidos, hiperactivos o eufóricos en cortos periodos de tiempo.

En la mayoría de los casos, estos sentimientos surgen en torno a dos experiencias: el miedo al abandono que les lleva a vivir cualquier alejamiento temporal como una soledad perpetua y la ira inapropiada ante las frustraciones que, aún siendo intrascendentes, se asientan en un cúmulo de miedos. Estas reacciones emocionales tienen su base en sentimientos crónicos de vacío siendo incapaces de tranquilizarse a sí mismos. Se sienten perdidos y confusos acerca de quiénes son. Esto se manifiesta en los cambios frecuentes de amigos, carrera, pareja e incluso de orientación sexual. Hay una gran dificultad de integrar formas ambivalentes de concebir la realidad por lo que se muestran cambiantes y extremistas en su valoración de las cosas. Aunque tengan una capacidad intelectual alta se muestran poco realistas en el planteamiento de metas y en la solución de problemas, lo cual les lleva frecuentemente a fracasos en los estudios y la vida laboral. En la relación con los demás está muy presente el miedo a la intimidad y la intolerancia a la separación. Viven la unión con el otro como una pérdida de autonomía que les genera un sentimiento de no existencia y la separación como un abandono.

Todo este conjunto de vivencias puede tener su origen en experiencias tempranas traumáticas como relaciones primarias conflictivas, experiencias de abuso o crecer en entornos con altos niveles de hostilidad y dificultades comunicativas. Si este tipo de sintomatología es una constante en la vida de una persona puede derivar en lo que en psiquiatría se denomina “borderline”.

El tratamiento puede ser la oportunidad para generar nuevas formas de relacionarse con los demás, de manejar esas emociones intensas, de disminuir la impulsividad, de aprender a convivir con lo ambiguo y lo incierto sin que la angustia y las emociones lo desborden todo y de afirmar y consolidar su individualidad y generar un sentido del yo.

 

10. OBESIDAD

“La salud del cuerpo proviene de la salud del alma.”

(Anónimo)

“Muchas veces me dicen que no pueden quererse a sí mismas porque son demasiado gordas, o como lo dijo una chica “demasiado redondas en las esquinas”. Yo les explico que están gordas porque no se quieren, porque cuando empezamos a amarnos y aceptarnos es impresionante como ese peso sencillamente desaparece de nuestros cuerpos.”

(Louise Hay: “Tú puedes sanar tu vida”)

La obesidad no solo constituye un problema estético, es una afección que genera grandes riesgos para la salud como la diabetes tipo II, enfermedades coronarias, apnea del sueño, problemas gastrointestinales, etc. Además trae consigo muchos inconvenientes: desde no encontrar la ropa deseada, o sentir incomodidad en situaciones sociales, hasta tener dificultad para atarse los zapatos.

Sabemos que la función de comer es la de aportar los nutrientes necesarios al cuerpo para sobrevivir. En las personas obesas esta función se ha perdido. La comida comienza a adquirir otros cometidos como mitigar la ansiedad y el estrés o manejar las diferentes emociones que son difíciles de expresar o tolerar. Esto es fácil de entender si sabemos que nuestras primeras experiencias con la comida tienen un alto contenido emocional. Alimentarse y ser alimentado cumple una función de interacción con el otro y nos vincula con la sensación de ser sostenidos y arropados. De esta forma, la alimentación proporciona una sensación de profunda conexión y nos genera calma y serenidad. Así, para la persona con obesidad, la comida se convierte en un auto-consuelo aunque al final acaba siendo un auto-castigo. Sin embargo, en muchas ocasiones, las personas obesas no tienen conciencia de estar utilizando la comida con este fin.

En nuestra sociedad el recurso más común para luchar contra la obesidad es la dieta o el régimen. A pesar del éxito inicial de estos procedimientos, en la mayoría de los casos, sus efectos no logran mantenerse en el tiempo. Nuestro cuerpo es un organismo sabio y su qué hacer principal está al servicio de nuestra supervivencia. Con las dietas surge un círculo vicioso que genera una dinámica de la que es difícil salir: dieta- dejar dieta- aumentar peso por encima del peso inicial- otra vez dieta- etc. Estos constantes fracasos además suelen tener un efecto negativo en nuestra estima provocando sentimientos de incompetencia personal. Al final las dietas, lejos de ser una solución, se convierten en un problema adicional.

Una vez descartados los factores médicos, una alternativa más adecuada puede ser aprender a manejar el estrés y la ansiedad, haciéndonos cargo de nuestras emociones, identificando los factores o las situaciones que nos precipitan a comer compulsivamente, restableciendo la relación saludable hambre-comida para que ésta vuelve a adquirir el lugar que le corresponde.

 

11. SITUACIONES DE CAMBIO:

“No te establezcas en una forma, adáptala y construye la tuya propia, déjala crecer. Vacía tu mente, se amorfo, moldeable, como el agua. …. Sé como el agua.”

(Bruce Lee)

La vida requiere flexibilidad y capacidad de cambio. A lo largo de nuestro ciclo vital tenemos que hacer frente a una serie de cambios que, aunque sean naturales y necesarios, pueden generarnos un alto nivel de estrés. Cambios de este tipo pueden ser la convivencia en pareja, el nacimiento de un hijo, la búsqueda de trabajo, un cambio de residencia, la salida de los hijos de la casa paterna, la menopausia en las mujeres, la jubilación, etc.

A estas crisis naturales, actualmente sumamos las exigencias del mundo moderno. Hoy en día es difícil conciliar la vida familiar y laboral. El trabajo requiere cada vez más desplazamientos geográficos y el mercado laboral es más exigente. Muchas relaciones fracasan ante esas demandas, aumentan los divorcios y cada vez son más frecuentes las familias monoparentales. Los viejos esquemas y referencias ya no nos sirven.

Todo esto exige flexibilidad, energía, capacidad adaptativa y fuerza para afrontar la pérdida de una seguridad establecida, generatividad ante lo nuevo que se acontece y una aceptación de la nueva realidad. Pero todo esto no es fácil y uno puede quedarse estancado en el camino manifestando síntomas de ansiedad y depresión.

Surge la necesidad de encontrar un nuevo equilibrio. En ocasiones éste se adquiere a través de un simple cambio de visión. Otras veces se trata de encontrar alternativas o de aceptar y aprender a manejar nuestra realidad de una forma diferente.

12. TRAUMA

“Las ruinas son a menudo las que abren las ventanas para ver el cielo.”

(Viktor Frankl)

El trauma puede ser entendido como una única, intensa y desbordante experiencia que la psique no puede asimilar o integrar. Sabemos que el ser humano posee una capacidad determinada para asimilar las experiencias de vida. Esta capacidad difiere de unos a otros en base a rasgos hereditarios, constitucionales y las diferentes experiencias vitales. Así, cuando nos encontramos ante una situación que rompe nuestros esquemas, como es el caso del abuso por parte de un familiar, un accidente grave, o una agresión criminal, se quiebra nuestro entendimiento del mundo alterando nuestra conciencia de un modo radical. Esta situación nos conmociona psíquica y físicamente. La persona se siente extraña, desconectada de la vida y pierde la confianza en el mundo que le rodea.

Este tipo de experiencias genera unos efectos inmediatos: ansiedad, rabia explosiva, pesadillas y flashbacks. La persona puede sentirse bloqueada e inhibida y experimentar sentimientos de indefensión, miedo y pánico. Estos mismos síntomas pueden aparecer a largo plazo si la experiencia traumática no es integrada de forma adecuada. Es decir, si el trauma es elaborado los síntomas remiten; sin embargo, la no elaboración interna de la experiencia traumática puede dar lugar a que estos síntomas se vuelvan crónicos.

Se pueden diferenciar dos tipos de traumas:

– Trauma que está generado por otro ser humano: maltrato físico, abuso sexual, violación, agresión criminal, agresión civil, guerra, tortura…

– Trauma generado por catástrofes y accidentes.

Nosotras consideramos que también puede ser traumática la vivencia de una enfermedad grave o el maltrato emocional.

Aunque las causas del trauma pueden variar, en todos los casos es importante recuperar un mínimo de seguridad y confianza que nos permita volver a conectar con la vida integrando lo vivido.

 

13. PSICOSOMÁTICA

La psicosomática es el juego entre el cuerpo y el alma. Un problema psicosomático aparece cuando un malestar emocional o psíquico se niega o no es reconocido por la persona. En estas situaciones un gran porcentaje de la población acude al médico de cabecera ya que, a primera vista, la sintomatología no hace sospechar ninguna dificultad psicológica. Los síntomas que aparecen más frecuentemente son cansancio, dolores, trastornos del sueño, trastornos gastrointestinales, trastornos coronarios e hipertensión. Cabe diferenciar tres grupos de afecciones según el grado en el que el soma (el cuerpo) se ve afectado a nivel orgánico.

El cuerpo puede expresar de modo directo y simbólico lo que está sucediendo en nuestra vida y no somos capaces de asimilar. Cuando eso ocurre hablaríamos de una conversión. Los síntomas afectan a la función motora voluntaria o la sensorial. La frustración amorosa o el sufrimiento por la pérdida de un ser querido puede reflejarse a nivel físico como un dolor en el corazón. El miedo a expresar algo puede manifestarse en dificultades para hablar como una afonía o un carraspeo en la garganta. Cuando dentro de una relación amorosa, a nivel inconsciente, uno quiere salir de ella puede desarrollar una dificultad al andar. En todos estos casos que se han mencionado, no existe ninguna afección orgánica sin embargo la persona padece y sufre toda esa sintomatología.

Muchas veces los síntomas no tienen este tipo de connotaciones simbólicas pero están generados por un malestar psicológico ya que, al examinarlos a nivel físico u orgánico, no hay evidencia médica que explique su presencia. En estos casos estaríamos ante trastornos de somatización que pueden expresarse como: dolor de cabeza, de espalda, diarrea, urticaria, falta de apetito, sudoración excesiva, trastornos del sueño, colón irritable, síntomas cardiovasculares, afecciones en la piel, etc.

Por último cabe destacar aquéllas donde realmente existe una afección orgánica con un cambio morfológico probado y donde los factores psicológicos o emocionales han tenido una influencia demostrable en su generación o en su desarrollo. Las afecciones más comunes son el asma, la úlcera, la colitis ulcerosa, la dermatitis y la poli-artritis crónica. El valor del factor psicológico en cada una de estas enfermedades puede variar según la persona. Por esta razón es necesaria una evaluación de cada caso. Para su tratamiento sería recomendable la intervención médica y psicológica.

El proceso terapéutico, además de atender las consecuencias psicológicas provocadas por el malestar o deterioro físico, se ocupa de los factores emocionales implicados en estos trastornos para liberar al cuerpo de cargas innecesarias y facilitar la recuperación de la salud.

 

14. TRATAMIENTO DEL TABAQUISMO

En la actualidad debido a la reciente ley antitabaco la presión que sienten los fumadores para dejar de fumar ha aumentado considerablemente. Además, en estos últimos años se ha generado una nueva conciencia respecto a los efectos nocivos que el tabaco tiene para la salud. Ante estos hechos muchos fumadores toman la decisión de dejar el tabaco. Sin embargo, para estas personas el síndrome de abstinencia presenta un gran problema que termina frustrando todos sus intentos.

En estos casos, la hipnosis es una valiosa herramienta que facilita y aligera el proceso de deshabituación. La hipnosis merma el deseo de fumar, nos pone en contacto con nuestros recursos, abre nuevas alternativas, nos da la posibilidad de manejar el estrés de una forma diferente e impulsa hábitos saludables.

ÍNDICE:

  1. ¿Qué es la Hipnosis?
  2. Hipnosis Ericksoniana
  3. Mitos y realidades
  4. Beneficios
  5. Indicaciones
  6. Contraindicaciones

 

   “La mente inconsciente del hombre ve correctamente incluso cuando la razón consciente es ciega e impotente.”

(Carl Gustav Jung)

 

1. ¿QUÉ ES LA HIPNOSIS?

La hipnosis es un estado alternativo de conciencia dónde centramos la atención hacia nuestro mundo interior y somos capaces de llevar a cabo acciones a nivel físico, emocional e intelectual que superan nuestra capacidad habitual. Nos posibilita un acceso privilegiado a determinadas áreas de nuestro cerebro como por ejemplo la memoria y el sistema nervioso central autónomo. Desde allí puede tener influencia sobre nuestro sistema hormonal, el sistema inmune y el sistema neuropeptídico. Facilita el aprendizaje, la creatividad y la fantasía. Al tener la libertad de acceder a estos lugares de nuestra fisionomía, pueden darse procesos que parecen casi mágicos, sin embargo lo único que estamos haciendo es utilizar toda nuestra capacidad.

El procedimiento hipnótico facilita el trabajo con nuestras emociones y experiencias en el contexto terapéutico. Nos permite salir del marco del día a día a nivel psicológico, cognitivo y emocional experimentando nuevas posibilidades y encontrando soluciones al explorar caminos alternativos que activan nuestros recursos. Establecemos una comunicación óptima con nuestro inconsciente ayudando al consciente a estar en armonía con él.

Nuestro funcionamiento psicológico es al 10% consciente y al 90% inconsciente.

El pensamiento consciente nos ayuda a pensar de una forma lógica y racional sobre los acontecimientos. Es el que analiza y ordena linealmente toda la información que tenemos de nosotros y del mundo. Es la voluntad, con la que decimos: “yo quiero dejar de fumar”, “hoy mismo empiezo la dieta”, “acabo con esta relación”, “yo quiero estar mejor”,…

El inconsciente funciona de una manera autónoma. Controla todo lo que rige el bienestar psicológico, emocional e influye en gran parte de la fisiología del cuerpo: el funcionamiento del corazón, la tensión arterial, las hormonas, el sistema digestivo e incluso el inmunitario. Es el responsable de nuestras acciones automáticas. Se expresa a través del lenguaje simbólico y las imágenes. Con nuestro inconsciente sentimos lo que vivimos e imaginamos. Tiene una gran capacidad de aprendizaje. En él se quedan instalados desde los complejos aprendizajes que realizamos en nuestros primeros años de vida como andar, hablar, leer…, hasta las diferentes habilidades que vamos adquiriendo a lo largo de nuestro proceso vital.

 

2. ¿QUÉ ES LA HIPNOSIS ERICKSONIANA?

Milton H. Erickson, psiquiatra norteamericano de los años 50, es el padre de la hipnosis moderna. Introdujo varias modificaciones al concepto de hipnosis de la época. A diferencia de la hipnosis clásica que tiene un protocolo de acción más rígido y autoritario limitando su uso a personas con determinadas capacidades, Erickson afirmaba que todos los seres humanos poseían la capacidad de desarrollar estados de trance. Así, definió el trance como un proceso natural y necesario de nuestro funcionamiento psicológico saludable al que accedemos con regularidad y de manera espontánea desde los primeros años de nuestra vida.

Desde esta perspectiva M. H. Erickson desarrolló una forma diferente de aplicar la hipnosis convirtiendo el proceso hipnótico en un acto colaborativo, creativo y vivencial dónde se da la posibilidad al otro de ganar espacio interno ampliando las posibilidades de acción, abriendo nuevas perspectivas y fortaleciendo la personalidad y autonomía de la persona. En esta nueva forma de hipnosis se considera la individualidad de quien consulta. La terapia se adaptada a las necesidades de cada consultante como un traje cortado a medida.

Milton H. Erickson

 

 

3. MITOS Y REALIDADES

 

“Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender.”

(Marie Curie)

 

La palabra hipnosis despierta en muchas personas sentimientos ambivalentes. Por un lado, evoca la idea de curaciones mágicas y provoca una expectativa exagerada. Por otro lado, produce miedo a perder el control o a ver su voluntad anulada por el terapeuta y expuesto a hacer cosas que uno no quiere. Estas ideas tienen su origen en las creencias populares adquiridas en los espectáculos televisivos y teatrales que nada tiene que ver con la hipnosis clínica o con el uso terapéutico de ésta. Los hipnólogos de espectáculo no contemplan la ética que subyace en la práctica de los profesionales de la salud mental. Algunos de los mitos que surgen de estas creencias populares son:

“La hipnosis elimina y anula el control voluntario de la persona.”

Este mito que nace en el seno del espectáculo y en el que se ve actuar de forma aparentemente involuntaria a las personas, de manera ridícula y grotesca, se explica en el consentimiento previo de la persona a formar parte de tal espectáculo y en otros casos condicionados por la presión social que existe una vez subido al escenario. No existe ninguna evidencia de que alguien haya obrado en contra de su voluntad debido a la hipnosis.

  “Bajo hipnosis el paciente revela secretos contra su voluntad”

La persona en estado hipnótico no es inconsciente, decide libremente lo que quiere contestar. Pero sí es capaz a lo largo del proceso de recuperar y recordar eventos del pasado. Todo lo que uno mantiene negado y olvidado se vuelve más accesible.

“La hipnosis puede dejar a la persona “atrapada” en un estado de trance, de forma que no puede salir de él quedando mermada su voluntad o derivando en un demente.”

Situada en el polo opuesto de la demencia, la hipnosis aporta claridad y coherencia. Nadie se queda “atrapado” en un estado de relajación y concentración. La persona, o bien se queda dormida, o se despierta y vuelve a la conciencia habitual.

“La hipnosis provoca reacciones inusuales, excepcionales y cuasi-mágicas en las personas.”

Bajo hipnosis solo tiene lugar aquello que también ocurre en estado de conciencia habitual. La persona hipnotizada, por lo tanto, no tiene reacciones o competencias que no posea ya. La hipnosis puede ayudarle a descubrir que puede hacer más de lo que cree y desarrollar facultades y habilidades mermadas.

  “La hipnosis es una terapia que no exige ningún esfuerzo por parte del cliente para cambiar de comportamiento.”

La hipnosis no es una terapia, es una técnica que facilita el resultado de una intervención y que puede acelerar el tratamiento disminuyendo el esfuerzo subjetivo de la persona. Sin embargo, el paciente debe implicarse activamente en el tratamiento para obtener los resultados deseados.

 

4. BENEFICIOS DEL USO DE LA HIPNOSIS EN PSICOTERAPIA

El uso de la hipnosis

+  Facilita y acelera el proceso terapéutico.

+  Facilita los procesos de aprendizaje.

+  Provoca cambios fisiológicos que llevan a la armonización de los procesos somáticos. Reduce el estrés, facilita la recuperación, la sanación y fortalece el sistema inmune. Entre estos cambios fisiológicos comprobados empíricamente se encuentran: relajación muscular, disminución de la frecuencia cardiaca, regulación de la presión sanguínea, disminución de las hormonas del estrés, la respiración se vuelve más acompasada y profunda y se produce una activación de determinadas áreas cerebrales.

+  Nos hace estar más centrados en nosotros mismos, ofreciéndonos un acceso más directo a nuestra parte emocional y nuestros recursos inconscientes.

+  Nos ayuda a estimular la creatividad

+  Fomenta el auto-control

 

5. EN QUÉ CASOS ES INDICADO EL USO DE LA HIPNOSIS

La hipnosis resulta eficaz en:

·  Los trastornos de ansiedad, estrés, insomnio y en otros muchos trastornos psicológicos.

·  Problemas de alimentación: anorexia, bulimia y sobrepeso.

·  Problemas psicosomáticos como: colon irritable, problemas dermatológicos, tinitus, jaquecas, gastritis,…

·  El manejo del dolor, preparación previa a la cirugía, nauseas y vómitos posteriores a la quimioterapia, acompañamiento en los procesos de enfermedad,..

·  La preparación al parto.

·  El tabaquismo.

·  Es un magnífico instrumento para el autoconocimiento y el desarrollo de la creatividad.

 

 

6. EN QUÉ CASOS ESTÁ CONTRAINDICADO EL USO DE LA HIPNOSIS

La hipnosis no tiene una contraindicación absoluta. Requiere una evaluación por parte del profesional de cada caso. Por este motivo es importante la formación del experto que lo aplica, que además de tener conocimientos sobre los procedimientos hipnóticos debe tener una formación en psicología y conocimientos terapéuticos.

Se pueden mencionar dos contraindicaciones:

–  cuando el paciente muestra demasiado miedo a utilizarla es preferible aplicar otra técnica,

–  si el paciente sufre un trastorno psicótico, la hipnosis puede ser aplicada de una forma concreta y limitada y una vez evaluado el caso.

 

“El sueño es la pequeña puerta escondida
hacia el más profundo e íntimo santuario del alma.”

(Carl Gustav Jung)

 

IMÁGENES KATATHYMICAS

Las imágenes Katathymicas utilizan procesos imaginativos como mecanismos de cambio y de sanación.

La palabra griega Katathym se compone de la preposición kata que significa “conforme” o “de acuerdo con”, y del sustantivo thymos que significa “ánimo”, “gana” o “impulso”, y en general “pasión”, “afecto”, “corazón” (como asiento de los afectos) y “mente” (como asiento del pensamiento, de la reflexión y de la deliberación). En ese sentido, katathymon se refiere a lo que está “en el corazón” o “en la mente” y también a lo que es “de corazón” o “conforme al deseo”.

Lo que está en el corazón o en la mente, se expresa en imágenes autónomas e independientes de nuestra conciencia. La terapia con imágenes katathymicas es una terapia psicodinámica que revela motivaciones y conflictos inconscientes.

Esta terapia fue creada en Alemania por Hanscarl Leuner hace aproximadamente sesenta años. Inspirado por Carl Happich y siguiendo la línea de la imaginación activa Jungiana y la relajación autógena de Schultz que promueven la aparición espontanea de imágenes internas. En la actualidad, este enfoque se práctica en Alemania, Austria, Suiza y en varios países del Este.

Para incitar la imaginación podemos servirnos de diferentes simbologías e imágenes. El trabajo terapéutico con la imaginación puede centrarse en el conflicto o también puede utilizarse como un espacio de relajación y de reconstitución.

Este enfoque de terapia ha demostrado su utilidad en el tratamiento de una gran variedad de trastornos y ha sido aplicado con muy buenos resultados en la psicosomática.

La comunicación paciente- terapeuta se establece en dos niveles:

Durante la fase de imaginación la persona experimenta relajación y gracias a un acompañamiento protegido se favorece la exploración, la evolución, la experimentación y la creatividad.

El terapeuta acompaña y ayuda al paciente con preguntas facilitando el proceso imaginativo. Por medio del contacto del mundo interior con el mundo exterior se establece una sensación de realidad interna, una vida interna. De esa manera la persona puede tener nuevas experiencias a nivel emocional, cognitivo y conductual.

En la fase de la conversación prevalece la meta-comunicación. Terapeuta y paciente trabajan juntos para clarificar las sensaciones y las relaciones inconscientes que se han manifestado en la imaginación. Con este enfoque se pueden trabajar problemas concretos de forma breve o puede servir para un trabajo de autoconocimiento profundo más prolongado en el tiempo.

Las imágenes katathymicas y la hipnosis comparten diferentes aspectos. Entre ellos cabe destacar el trabajo con el inconsciente, el lenguaje simbólico, la consideración de los recursos y la utilización de la regresión y la progresión. A primera vista parecen formas de trabajo muy similares, sin embargo existen algunas diferencias claves que las hace complementarias. Mientras la hipnosis es más dirigida, en el trabajo katathymico las imágenes emergen con una mayor espontaneidad dando más espacio a la creatividad y a la libre expresión del inconsciente. Están basadas en una visión analítica que anima a la interpretación de lo imaginado intentando así generar un mejor entendimiento de uno mismo, de los conflictos y las necesidades inconscientes.

   “Una neurona hace aproximadamente diez mil conexiones con las neuronas vecinas. Si pensamos en los billones de neuronas esto significa: hay tantas conexiones neuronales en un solo centímetro cúbico del tejido cerebral como estrellas en la Vía Láctea.”

(David Eagleman)

El EMDR es un abordaje terapéutico que se desarrolla en EEUU en el año 1987. Las siglas EMDR significan Desensibilización y Reprocesamiento por medio del Movimiento Ocular. La doctora Francine Shapiro descubrió casualmente, mientras caminaba por el campus universitario, que haciendo ciertos movimientos oculares disminuían los pensamientos y sentimientos negativos. A raíz de este descubrimiento empezó a investigar sobre ello. Darse cuenta de que este fenómeno también se daba en otras personas incentivó su investigación. Los resultados indicaban que estos movimientos oculares bilaterales producían una activación de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro. Se cree que el EMDR actúa sobre determinados circuitos neuronales (área pre-frontal, hipocampo, cuerpo calloso, cerebelo) facilitando la integración de recuerdos traumáticos (léase TRAUMA en ¿Que problemas atendemos?).

En sus inicios el EMDR fue aplicado en la terapia de trauma y hoy en día está reconocido como uno de los principales abordajes para trabajar en esta área. Esta terapia ha sido utilizada en el tratamiento psicológico de veteranos de la Guerra de Vietnam, de personas recluidas en campos de refugiados, y en el tratamiento de otros traumas mayores causados por el abuso, el maltrato, la violación, las catástrofes naturales, los accidentes graves, la muerte de un ser querido, etc.

El EMDR se ha ido enriqueciendo utilizando también estrategias e ideas de otros enfoques terapéuticos y teóricos como las teorías del apego, de los estados del yo (ego-state), la Hipnosis, etc. También está siendo integrado en diferentes orientaciones terapéuticas. Hoy en día además de utilizarse en el ámbito del trauma se aplica a otro tipo de dificultades psicológicas como la depresión, la ansiedad, la obsesión, las adicciones, la inestabilidad emocional, así como en la mejora del rendimiento deportivo, habilidades de comunicación o el miedo escénico.

El uso del EMDR en el tratamiento de un trauma mayor único (como un atentado, un accidente, una catástrofe natural, etc.) será diferente que si se aplica en otro tipo de dificultades psicológicas. Aunque parezca paradójico, en la mayoría de los casos el proceso de terapia en un trauma mayor suele ser de menor duración. Sin embargo la intervención terapéutica en otras dificultades emocionales contempla las experiencias primarias negativas como el origen del desarrollo de estos trastornos que padecemos. Por este motivo es importante revisar los eventos negativos de nuestra vida desde el vientre materno, momento en el que se comienza a desarrollar nuestro sistema nervioso, hasta el momento actual. Por ello la terapia en este tipo de casos suele ser de mayor duración.

En la actualidad se utiliza además de la estimulación bilateral ocular, la estimulación táctil a través del “tapping” o la estimulación auditiva.

El EMDR se emplea en el tratamiento de adultos, de adolescentes y de niños. Muchas personas responden positivamente y pueden beneficiarse de este método. Sin embargo, al igual que sucede en otros abordajes terapéuticos, es necesaria una evaluación del paciente para valorar si el EMDR es el tratamiento más adecuado.

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